Cubanistica y otras razones: Cuba
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jueves, 19 de febrero de 2009

Querido enemigo de mi enemigo

En las batallas más fieras las partes en disputa tienden a usar cualquier recurso, por extremo que éste sea, con tal de imponer su posición.

Hay innumerables precedentes de este fenómeno, algunos de ellos realmente antológicos, como el de los Estados Unidos de América apoyando al talibán en contra de los soviéticos o el gobierno cubano entrenado a Savimbi o a Pol Pot o, más recientemente, la implícita alianza entre Chávez y Castros.

En fin, aquello de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” siempre ha funcionado como rule of thumb a la hora de tomar partido. Cueste lo que cueste. Pero desgraciadamente, en un mundo tan dinámico como el que nos toca vivir, esto no siempre funciona y a la larga puede resultar contraproducente. Y es que hay que ser prudente a la hora de escoger tanto enemigos como amigos.

Escribo todo esto motivado por un tema al cual ya me referí anteriormente (Gorki Ávila como bandera de la “disidencia") y que ahora retorna en el caso del escritor y fotógrafo cubano Orlando Luis Pardo.

OLP es un joven atormentado por el entorno cubano, por las miserias espirituales y materiales y por su propia actividad creativa. La página de Penúltimos días y la del portal Cubaencuentro han sido promotores de lo que OLP escribe y hace. De lo que he leído en esos sitios se pueden destacar dos aspectos: el primero, es que Orlando es un tipo valiente, contestatario, y eso merece respeto. Prueba de ello es que acaba de protagonizar un lanzamiento "no autorizado" de un libro suyo, en las inmediaciones de la Feria del Libro de La Habana, a pesar de haber recibido amenazas al estilo de "machacarán mis manos y mi boca, (...) me arrancarán los ojos y el badajo".

Lo segundo es que OLP, en su afán de juguetear con las palabras y las imágenes, tiene un estilo tan barroco al escribir que hace de sus escritos una madeja intrincada, rebuscada, que quizás lo lleve a la fama como escritor, pero que, hoy por hoy, con un par de excepcionales excepciones, es poco potable para un lector promedio como yo.

No es mi intención restarle méritos a OLP. Tengo además la impresión que escribe para sus pares y no para el gran público, a lo Lezama Lima, Carpentier o Juan Rulfo (salvando las diferencias), lo cual, temo, lo coloca en ese populoso nicho de muy-conocido-entre-nosotros-los-intelectuales. En lo personal, le deseo la mejor de las suertes a OLP.

Cabe mencionar, ademas, que OLP sólo comparte con Gorki el anticastrismo. Y si me viera obligado a postular de ellos dos un "opositor", OLP sería mi elección. Pero me pregunto, como lo hice en el caso de Gorki, que pasaría con OLP y su repentino salto a la fama inter-bloggers si sólo fuera otro incomprendido y desmelenado intelectual, pero sin su alineación anti-Castros.

En fin, creo que hay una sed por opositores al régimen castrista (y si son pintorescos y notorios, mejor) que hace que cualquiera sea bueno para “la causa”.

Por cierto, lo mismo hace el gobierno cubano al apoyar a cualquiera que esté en contra de los Estados Unidos.

Y es que, una vez mas, los extremos, al final de la historia, ocupan el mismo sitio, se tocan…

viernes, 30 de enero de 2009

Los rusos, (casi) 20 años después

Oficialmente soviéticos, extraoficialmente rusos, popularmente “bolos”.

Crecimos viendo soviéticos, escuchando acerca de ellos y, en ocasiones, oliéndolos en nuestra cercanía. Inconfundibles personajes, vestidos con ropas ligeras de colores pastel, los hombres casi siempre en sandalias, las mujeres con vestidos estampados, siempre cargando bolsas con mercancías, todos envueltos en un característico hedor, mezcla de sudor agrio y un extraño humo dulzón, producto de unos aun más extraños cigarrillos, de filtro larguísimo y muy poco tabaco. Y pésimo sabor, como comprobé en algún momento, cuando aun tenía el placer de fumar (suspiro).

Mi primer recuerdo de los rusos viene de una deliciosa playa al este de la Habana, llamada el Rincón de Guanabo, situada a unos kilómetros después del pueblo de Guanabo. Una playita, apenas notable para los que viajan por la Vía Blanca, y donde mi familia tuvo una casa. Alli pasaba yo casi dos meses de vacaciones todos los años.

Los días entre semana la playa estaba desierta (¡una playa solamente para mí!), pero los fines de semana mi playa se llenaba con personas que venían huyendo de las tumultuosas playas del Este de La Habana. Llegaban principalmente familias, parejas apasionadas y bulliciosos grupos de pescadores. Y, por supuesto, rusos. Estos traían toda la parafernalia playera: caretas de buceo, “patas de ranas”, snorkels, cámaras fotográficas, sombrillas, coloridas e inmensas toallas. Alli pasaban el día, envueltos en su charla sibilante y entrecortada y en su sempiterno olor.

Los recuerdo embadurnándose constantemente con lociones de olores frutales, tratando ingenuamente de proteger sus traslúcidas y frágiles pieles del inclemente sol cubano, y comiendo raros caramelos de consistencia pastosa y rico sabor, que a veces me eran ofrecidos y que, por supuesto, eran rápidamente aceptados.

Después, años más tarde, se los podía encontrar en todas partes. Cuba, en general, y La Habana en lo particular, estaba inundada de rusos. En cualquier centro de trabajo estaban los sempiternos asesores rusos, ya fuera en energía, extracción de petróleo, minería, economía (¡horror!), construcción y, por supuesto, en el ejercito. Eran tantos que, zonas de la ciudad, algunos edificos y tiendas fueron bautizadas como "de los rusos". Pasaron a formar parte de la cultura popular cubana, junto con sus carros, lavadoras, televisores, sus peliculas y, por supuesto, los muñequitos. Traían la vodka y se llevaban el ron, e intercambiaron la receta de su agridulce borsch por la de los platanos fritos.

Casi 30 años estuvieron en Cuba hasta que, a principios de los 90, después de haber asesorado en el desastre cubano y habiendo regalado al gobierno comunista cubano miles de millones de dólares, que fueron diligentemente dilapidados, todos se fueron, desempleados por la glasnost y la perestroika.

Dejaban detrás un país repleto de tecnología obsoleta, de deudas, de desamparo, con conceptos anquilosados, con instalaciones industriales desarmadas, guardadas en polvorientas cajas en ignotos almacenes y cuyos “manuales de usuario” estaban escritos, por supuesto, en ruso.

El intercambio con los rusos también dejó numerosos descendientes, de mezclada estirpe. Muchos de los cubanos que estudiaron carreras universitarias en Rusia trajeron al regreso no sólo sus diplomas de ingenieros y licenciados, sino rollizas y albas mujeres rusas. De esas uniones surgieron raros mulatos de ojos verdes y pasa de color pajizo, capaces de hablar fluidamente en ruso o peculiares retoños de franca apariencia eslava, que sorprendían al hablar español con el más puro acento habanero.

Y ahora, como los mosqueteros, los rusos están de regreso 20 años después. Pero ahora son hombres de negocios, que vienen por el petróleo cubano, el níquel cubano, el turismo y todo lo que la isla pueda ofrecerles. Ya no irán a mi playa, ahora se irán a los cayos prohibidos y exclusivos, donde sólo entra un cubano si es empleado para servir a los turistas. Vienen en son de bussiness y los nostálgicos les llaman amigos, los extrañábamos daraguii druzia, les dicen.

Pero ellos ya no vienen de la Unión Soviética, vienen de un país diferente. Ahora sí son llamados rusos con justicia y no hay ofensa posible. Vienen de Rusia, que quiere volver a ser potencia mundial y que quiere confrontarse, hacerse notar.



Y vienen en mal momento, cuando la oportunidad de un acercamiento entre Cuba y Estados Unidos es mayor que nunca. Y para Cuba (y los cubanos, en última instancia), es más importante (siempre lo ha sido) el vecino de al lado, los Estados Unidos de Norteamérica, que la remota y extraña Rusia.

Me temo que el gobierno de los Castro, en su afán de mantener su enemigo preferido vigente y a la mano, va a apostar por cualquier variante, menos por la reconciliación y el diálogo con Estados Unidos, esta vez bajo la presidencia de Obama.

Parece que esta vez será (de nuevo) la variante de los rusos: antes amigos, después traidores, ahora padres pródigos de regreso, buscando zonas de influencia… de nuevo.



Y así lo ve Garrincha

jueves, 1 de enero de 2009

50 años




Como casi todos los cubanos, en estos días estuve pensando en la magnitud de tener el mismo gobierno durante 50 años. Bastaría esa sola consideración para ilustrar la monstruosidad del asunto. Pero aqui pongo cuatro mas:




  • Todos los cubanos menores de 50 años que viven en Cuba han conocido solamente un gobierno, el que implantó el régimen comunista en nuestro país.


  • Ningún cubano menor a 60 años recuerda el gobierno anterior.


  • Ningún cubano menor a 70 años ha podido votar en elecciones libres para elegir un gobernante en su país.


  • Ningún cubano que viva en Cuba ha podido disfrutar de las bondades de la vida moderna, a los 10 años del siglo XXI.

martes, 24 de junio de 2008

La versión oficial de la entrevista

Y al que no le guste, pues que le eche azúcar...

miércoles, 4 de junio de 2008

¡A votar por la bandera cubana!

Arriba caballeros, a votar por la bandera cubana. Hay una votación a ver cual es la mas bonita y podemos echar la pelea.

martes, 27 de mayo de 2008

El fétido aliento del dinosaurio

Anda por ahí un escrito que a algunos cubanos de la nación exiliada ha inquietado. Es algo que escribió un Yoandri, sobre el blog de Yoani, la bloguera cubana No.1.

En resumen, el Yoandri se rasga las vestiduras porque Yoani ha decidido moderar los comentarios en su blog. Y se ha hecho eco de Yoandri un sitio que se llama Kaos en la red, en el cual escriben cubanos de la nomenclatura tales como Celia Hart Santamaría, Roberto Pérez Betancourt y Soledad Cruz.

En fin, que diría al respecto un insigne guajiro pariente mío, se conoce al pájaro por la cagada.

No me voy a extender, pero hay que recordar que cada cual en su blog hace lo que le da la gana. Si quiero escribir, escribo; si quiero borrar, borro; si quiero aceptar comentarios, lo hago y sino, pues no y si quiero decir coño, lo digo y me importa un carajo. Esta es una de las manifestaciones de la libertad de expresión y opinión, concepto que, por razones conocidas, a los dinosaurios se les atraviesa en la garganta.

Pero obviando lo absurdo del escrito y de su intención, no está de más la paranoia: a Yoani no le van a perdonar su blog, su popularidad, su premio ni su insubordinación. Ellos van a ir por ella, sólo es cuestión de cómo y cuando. Un Yoandri es sólo un perro que mandaron a ladrar.

Hay que estar atentos.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Todos somos negros

Uno de esos ejercicios de quién no tiene otra cosa mejor que hacer, aparece en la Jiribilla, y es promocionado por el mensaje diario que hacen llegar los consulados cubanos a la nación exiliada. Se trata de una iniciativa que se llama Raza y racismo en Cuba: debate en la isla. Hasta el centenario de la fundación del Partido Independiente de Color (PIC) están celebrando estos señores. Y a no ser que sea un sutil mensaje clamando por el pluripartidismo, no sé que sentido tiene andar clamando por un partido cuya esencia es precisamente racista.

Y es que estas son las cosas que me hacen bostezar. No sé a que viene ese renovado afán de poner a los negros en el fondo de la cadena alimenticia si toda la nación cubana es discriminada y ubicada en enésima clase. Si el dinosaurio leyera Tengo con detenimiento, lamentaría no haber metido a Nicolás Guillén en la carcel por burlón y disidente.

Además, esas reivindicaciones lo que logran es exacerbar el racismo en lugar de atenuarlo. Dividen, no unen. Véase el ejemplo de los Estados Unidos de Norteamérica, donde en el afán de hacer ver que no hay racismo con los negros, resulta que convirtieron a estos en una nación aparte, racista y portadora, además, de valores altamente cuestionables; ahí se jodió el meeting pot. Nosotros los cubanos, muy a pesar de lo que puedan decir estos intelectualillos redentores, no tenemos ni remotamente tales problemas.

¿Qué anda buscando entonces esta gente?

Los artistas llegaron ya, y llegaron bailando cha cha cha- reloaded


Aqui pueden encontrar en pleno desarrollo una de esas escaramuzas de quitate-tu-pa-ponerme-yo-o-me-quito-una-pestaña-y-te-hinco.

Que gente más cómica...

viernes, 9 de mayo de 2008

De como un tonto fabrica un mártir

Yoani no pudo ir a buscar su premio a España porque las autoridades cubanas no le permitieron salir del país. Y es que se puede ser estúpido en grande, en cualquier bando de la contienda.

El gobierno de los Estados Unidos mantiene un bloqueo económico a Cuba que sólo ha servido para que el gobierno cubano tenga como excusa para todos los males de la humanidad precisamente ese bloqueo. Alguien medianamente inteligente hubiera retirado hace mucho el bloqueo, dejando a los comunistas a solas con su agobiante ineficiencia.

En el caso de Yoanis, de haber ido a España, hubiera tenido sus 15 minutos de fama y a los dos días hubiera estado de vuelta en su blog, con su ciberaudiencia, la misma situación ante-premio. Pero intervino el dinosaurio subnormal, no le permitió ir a buscar el premio y convirtió a una blogger constestataria en una victima de la represión, mártir de la web.

En fin, nada ha cambiado. O casi nada: por lo menos Yoanis puede comprarse un celular.

viernes, 25 de abril de 2008

Cuba para los cubanos

Quizas haya mucha ingenuidad y utopía en lo que sigue, pero lo asumo.

Me pregunto muy frecuentemente quiénes serán los herederos del mercado y la producción en la Cuba que viene. Es lógico pensar que quienes hoy conocen, por ejemplo, la industria del níquel, el turismo, el petróleo, el cemento, el agro alimentario o del tabaco o la industria de los materiales de construcción, sean los interlocutores naturales en caso de una privatización y, por qué no, socios en la operación de esas oportunidades de negocio.

Por otra parte estos, y todos los demás sectores de la economía, van a requerir una inyección urgente y generosa de capital. Ese capital obviamente debe venir del extranjero y eso me lleva a otras conjeturas: ¿lo traerán cubanos o extranjeros? ¿Concederán los bancos créditos para negocios a cubanos? Las respuestas a esas preguntas dirán para quién será la riqueza cubana.

Actualmente empresas españolas, canadienses y de algunos otros países tienen participación en el pastel de la economía cubana. ¿Se debe eso a su particular habilidad? No. Se debe a que no enfrentan la competencia del que debe ser el inversionista natural de Cuba: USA. Pero además, no tienen competencia de cubanos, que son los que, en última instancia, mejor conocen el asunto cubano.

Aquí en México soy testigo de cómo la torpeza y el egoísmo hacen que este país, vecino de la economía más poderosa del planeta, siga anclado en el tercermundismo. Dos ejemplos basta para ilustrar el destino de México y los mexicanos: la industria maquiladora y las franquicias.

La industria maquiladora es la industria ensambladora. Buena parte del norte de México está llena de esa industria, la cual produce partes y piezas para los ramos automotrices, electrónicos y aeroespaciales, por sólo citar tres muy importantes. Pero esta industria pertenece a las corporaciones que las traen, que tienen su sede en alguna parte del primer mundo. Y allí se toman las decisiones, no en México. De esa suerte, las empresas maquiladoras deciden irse a China para reducir costos y cierran inmensas plantas en territorio mexicano, dejando sin trabajo a decenas de miles de personas y, por ende, recortando los ingresos de miles de familias y desestabilizando la economía regional.

Tampoco aportan nada al desarrollo de México estas industrias, que en realidad son una aspirina para el desempleo. La tecnología de fabricación de cartuchos de impresora o de motores Ford sigue siendo propiedad de las respectivas corporaciones y nada del método de desarrollo tecnológico, de los nuevos materiales, de la ingeniería de frontera, nada de eso se queda en México. Y todavía es más engañoso este efecto maquiladora en la economía, pues la estadística oficial incluye el valor de lo ensamblado dentro del valor de las exportaciones mexicanas. Un dulce autoengaño.

Por otro lado, con excepciones por supuesto, los capitales mexicanos están siendo invertidos en la franquicia, en lo que yo llamo el efecto Mac Donalds. Un mexicano adinerado prefiere traer una franquicia tipo MacDonald o Starbucks o Burguer King, en la cual invierte un millón de dólares, antes que invertirlos en crear industria nacional. Son mercaderes y no empresarios.

El resultado es un país con con una infraestructura de servicio globalizada, el 60% de la población por debajo del nivel de pobreza, casi nada de tecnología autóctona y, definitivamente, tercermundista.

Cuba debe aprender de este desastroso ejemplo. Hay una oportunidad única en la Cuba que viene: ahí está la gente, el talento, el mercado virgen; en Cuba está todo por hacer. Todo. Pero la economía cubana debe permanecer en manos cubanas, con capital cubano, con mayoría cubana. Se debe fomentar el desarrollo de la tecnología, la industria nacional, la creatividad individual y empresarial cubana y claro, aprovechar el capital extranjero, pero manteniendo el control. Y esto no es nacionalismo barato, ahí está el ejemplo mexicano, del cuál se puede aprender mucho. Y si no bastara con ese argumento, pues véase en el otro extremo a los canadienses: 25 millones de habitantes, un clima terrible y están entre los 7 más industrializados del planeta.

Cuba también es frontera de los Estados Unidos y esa es quizás la mayor oportunidad de negocio que habrá en la Cuba que viene.

Yo quiero ser parte de eso.

miércoles, 16 de abril de 2008

El moribundo, el cínico y el estúpido

Fidel Castro logra ser las tres cosas. A la vez. Y ninguna estorba a la otra.

Acaba de publicar este señor un par de párrafos tonantes, donde se aprecia en toda su extensión la obsoleta y estúpida manera en que ha tratado los asuntos cubanos en los últimos casi 50 años. Como siempre ha hecho, mezcla, distorsiona y manipula de forma cínica temas y conceptos para terminar, como siempre, diciendo que el origen de los males cubanos está fuera de Cuba.

Dice el anciano:

“No se puede acusar al período especial del sistema que el imperialismo ha impuesto al mundo; no inventó el cambio climático, la civilización que depende del consumo de los hidrocarburos, el transporte de cada miembro de la familia en automóviles que viajan casi vacíos, ni la nefasta idea de convertir los alimentos en combustible; no inventó las guerras mundiales por el reparto del planeta, las bases militares, las armas nucleares y radioelectrónicas, los satélites espaciales que todo lo espían y dirigen al blanco rayos letales, los cohetes teledirigidos, los submarinos que disparan desde mil metros de profundidad, la ciencia y la tecnología al servicio de la muerte y la destrucción.

Tampoco inventó la geografía política y las tierras de que dispone cada nación, que fueron fruto de otros factores históricos.”

Se equivoca o se hace el tonto o nos quiere hacer tontos respecto en los orígenes del Periodo especial: el llamado Periodo especial fue la consecuencia de la desastrosa economía cubana, destruida por caprichos e ineficiencia, y no de que los soviéticos hayan decidido hacer borrón y cuenta nueva. Antes del Periodo Especial ya habían pasado 31 años de Revolución, de inmovilismo, de caos económico y politización absoluta de la vida cubana.

Y al Periodo Especial se le debe la masiva desnutrición de la población cubana en los 90, la epidemia de neuropatía periférica, el deterioro social y económico del país, la proliferación de vicios y males sociales, la decepción generalizada en las más recientes generaciones, que crecieron en un ambiente de carestía y desesperanza feroz. Se le deben los balseros, el Maleconazo, el hundimiento de los remolcadores, la huida masiva de muchos buenos cubanos, el renacer de la prostitución, el desplome de la calidad en los cacareados sistemas de salud y educación, el cual dura hasta el presente, agravado por el drenaje hacia Venezuela de los mejores profesionales de esos sectores.

Como puede ver cualquiera, no hay que irse a buscar supuestos males globales y sus supuestos responsables: ni guerras nucleares ni autos familiares ni satélites ni bases militares tienen la responsabilidad de lo que sucedió y sucede en Cuba. Hay un responsable principal para ello y es Fidel Castro, el cual por suerte ya sólo puede escribir sandeces y, por fin, ya se está muriendo.

lunes, 14 de abril de 2008

Zoé Valdés: La Cuba futura

Reproduzco una intervención de la escritora cubana Zoé Valdés en Tribuna Barcelona, un evento celebrado, supongo, en Barcelona.


Es una intervención bien pensada, sencilla y directa en su lenguaje, pero apasionada; vale la pena leerse. Se puede coincidir o no totalmente con lo que dice (yo, por ejemplo, tengo respuestas diferentes para sus preguntas de apertura), pero dice, en esencia, lo que muchos pensamos.

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La Cuba futura: una propuesta o un interrogante


Por Zoé Valdés

La autorización de venta de ollas de presión, de teléfonos móviles, de ciclomotores, la permisión a los cubanos para alquilar en los hoteles a tarifas máximas, y otras tantas promesas de esa índole, que provocan risa, no ya a cualquier defensor de los derechos humanos, a cualquier ciudadano normal de este mundo, ¿podríamos considerarlo como la antesala de un futuro mejor en Cuba? Absolutamente no.
Que Raúl Castro, de quien todos conocemos su curriculum vitae, haya sustituido a Fidel Castro, su hermano, en una sucesión dinástica comunista, ¿tendríamos que asumirlo los cubanos amantes de la libertad y del progreso, como cambios sustanciales de una férrea dictadura a una democracia? Desde luego que no.
En reiteradas ocasiones he leído artículos jubilosos que hablan de cambios. ¿Qué cambios podría hacer Raúl Castro? ¿Qué cambios habrían podido haber hecho en sus respectivos países depredadores de las libertades como un Jorge Rafael Videla en Argentina, o un Gustavo Leigh Guzmán, segundo comandante en la junta militar pinochetista? Entonces, ¿por qué los cubanos deberíamos hacernos ilusiones con Raúl Castro, uno de los militares más represores de la historia de Cuba, el segundo bajo la dictadura castrista y designado por el propio dictador para darle continuidad ideológica, política y militar a ese engendro?
¿Por qué el pueblo cubano no se lanza a la calle a protestar entonces? —preguntan muchos. Por miedo, por oportunismo, por todas las medidas represivas que durante cuarenta y nueve años han deformado la personalidad y la psicología del cubano. No está de más recordar, de todas formas, los siete años de guerrilla anti-castrista, la explosión popular del 5 de agosto de 1994 y las Damas de Blanco.
A la Cuba futura se le abren dos caminos delante de ella. El camino de la interrogante, que es el que está viviendo actualmente, ¿qué sucederá con Raúl Castro? ¿Qué ocurrirá cuando se haya anunciado la muerte de Fidel Castro y su presencia no sea más la condición primera del terror? No me aventuro a adelantar buenos augurios. Incluso creo que las medidas que mencioné al inicio no podrían haberse hecho efectivas con Castro en vida, o en su sano juicio. O sea, una de dos: o está muerto, o ha perdido la razón, o está en coma. Pero Castro I no habría permitido nunca que Castro II hiciera tan evidente que al pueblo cubano se le prohibía cocinar en ollas arroceras, poseer teléfonos móviles, moverse en ciclomotores, alquilar en hoteles nacionales, adquirir pantallas de computadoras, y todo eso únicamente por culpa suya. Castro I no habría permitido que Castro II se arrogara la imagen positiva de una cierta apertura, mínimamente a la china.La segunda alternativa o camino para una Cuba futura es la de la propuesta. Esa propuesta está dentro de la isla misma, y fuera de ella, en un exilio competente económica e intelectualmente. Dentro de la isla están las organizaciones disidentes, con sus proyectos, escritos o por escribir; y también un cierto grupo hoy en un segundo plano del poder político, que se conserva discreto para el cambio, sin venderse demasiado como se han delatado los llamados “talibanes” castristas, auténticos rabiosos, sedientos del poder, como son Felipe Pérez Roque, Hassan Pérez, entre otros de la misma estirpe. Dentro de Cuba también existe un número anónimo de intelectuales que mucho podrían aportar a la reconstrucción; hablo desde luego de intelectuales serios que no han pactado un carro, una casa, un viaje, una estancia en el extranjero, una publicación, que un día podrán expresarse en entera libertad.
El problema es que Cuba no es comparable con nada. En todos estos años Cuba alcanzó a crear su propio modelo, que ha sido el del poder piramidal calcado del desaparecido modelo soviético, en función de un solo hombre en el poder, con sus variantes. Durante todos estos años los Castros se dieron a la tarea de preparar minuciosamente el fin de Castro I y la continuidad, y para ello observaron no sólo los modelos comunistas, el chino, por ejemplo, del vietnamita no tomaron nada. Hugo Chávez les facilitó el trecho hacia otra vía de sustentación, y también recurvaron a viejas tendencias admirativas del fascismo (como fue el caso de la fascinación juvenil de Fidel Castro por Adolfo Hitler), las que afloraron enérgica y desvergonzadamente en la primavera del 2003, la Primavera Negra, y el fusilamiento de tres jóvenes ese mismo año. En la Primavera negra fueron encarcelados 75 opositores pacíficos, entre ellos periodistas, poetas, bibliotecarios independientes, se les celebraron juicios sumarísimos, se les condenó a entre 6 y 28 años de cárceles, acusados de recibir instrucciones y de ser “agentes de una potencia extranjera”. Cincuenta y nueve de ellos quedan aún entre las rejas, el resto fue liberado bajo licencias extrapenales por causa de enfermedad; el total de presos políticos es de doscientos cuarenta y dos. Los Castro pretenden, como siempre hicieron en el pasado, canjear presos por medidas a su favor de parte de los gobiernos democráticos europeos.
Fidel Castro no deja más que un legado plagado de errores concretos en política nacional, en lo social, y en economía interna, pero ha sido el más grande especialista de marketing de la historia de la humanidad, creó un producto desbordante de ilusiones: la revolución castrista, la guerra de guerrillas, la rebeldía guevarista, la vendió al mundo, y el mundo se la compró. Lleva razón Carlos Alberto Montaner cuando afirma que el legado de Castro I, aún siendo descabellado, se ha instaurado en los últimos años en América Latina. Su viejo sueño de conquistar países –latinoamericanos– con la ideología –castro-comunista– ha triunfado, no podríamos asegurar su perdurabilidad, pero ahí están Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador, todos llegados al poder gracias al populismo y a su admiración devota hacia Castro. Aquí podríamos incluir a los esposos Kirchner en Argentina, a Lula en Brasil, a Bachelet en Chile. Pero es cierto que ni Ignacio Lula Da Silva, y mucho menos Michelle Bachelet, le han seguido la cuerda a los hermanos Castro a pie juntillas, han sabido conservar su independencia como presidentes elegidos democráticamente.
Aparte del espantoso e inseguro legado que acabo de citar, ¿qué otra cosa valiosa deja Fidel Castro? Nada, cero, señores y señoras. No salvo absolutamente nada de la mal llamada revolución cubana. Y la primera razón es que la idea de la revolución cubana se instauró encima de una mentira, de una tergiversación total de nuestra historia real. Ni éramos el país más pobre, ni el más corrupto, ni el menos democrático, ni vivíamos en el más horroroso sistema social de América Latina en el año 1959. Para probarlo acabo de escribir un libro titulado La ficción Fidel, editado por Planeta, que saldrá el próximo 15 de abril. Pero antes que yo, otros lo han manifestado de diferentes maneras, lo han incluso subrayado. ¿Se les ha escuchado, se les hizo caso? No, se les ha acusado de traidores, de insensatos, algunos compatriotas murieron en el exilio intentando aclarar el verdadero pasado de Cuba antes de Castro. Eso es imperdonable.
Pero volvamos a la actualidad cubana. Es cierto que ya nadie cree en nadie en la cúpula dirigente, ni siquiera en ese colectivismo de a porfía. El país completamente arruinado, las familias desunidas, un exilio que constituye el veinte por ciento de la población, las desigualdades, el racismo, el machismo, el igualitarismo, la desconfianza han paralizado la fuerza natural emprendedora del cubano, la espontaneidad, la visión de que la vida es ahora o nunca. Y ya es muy tarde para parar o retirar la cuenta de tantos errores. La cuenta la están pagando ya muchos, en el mismo círculo del poder. Y ellos saben, muy dentro de ellos mismos, que la única posibilidad es un cambio limpio, transparente, una profunda reforma económica, sí, pero que respete primero que nada y que a nadie los derechos humanos del ciudadano cubano.
La gente que tiene el poder sabe más que intuye, e incluyo a Raúl Castro, que sin un diálogo hondo con Estados Unidos y con Europa, no habrá verdadera claridad para una Cuba futura. Lo que para los exiliados y los disidentes constituye desde hace mucho una propuesta, para Raúl Castro y su gobierno, sin embargo, resulta una interrogante, aun conociendo que ésa es la primera solución a adoptar, ¿se atreverán a asumirla? Lo dudo. Dudo de ese diálogo a calzón quitado con los norteamericanos, y también con los europeos.
Para que este diálogo con Estados Unidos y con Europa se cumpla de forma cabal y con un sentido veraz no se pueden poner por delante solamente soluciones económicas, a la par de estas soluciones tendrían que ir, quizás primero, la liberación total de los presos políticos, la aceptación y respeto de los derechos humanos. Y habrá que ir más lejos, a mi entender, luego de consumados estos hechos, Raúl Castro deberá ceder el poder, y aceptar el pluripartidismo, aceptar, en fin, la democracia. El ejemplo de antiguos países del Este les asegura que nada tendrían que temer, inclusive podrían regresar al poder político con un partido, el mismo al que han servido hasta el momento, o con otros, revitalizados. Pero no creo, sinceramente, que Castro esté preparado para ese tipo de porvenir. En primer lugar porque su propio modelo negó y niega este orden de posibilidades.
La segunda interrogante que pudiera derivarse de la primera (la vía castrista) y de la propuesta (la vía disidente y del exilio) es, supongamos que Raúl Castro desaparezca inmediatamente después de su hermano, o en un plazo corto de tiempo. ¿Estaríamos capacitados para irrumpir en el mundo sin la ideología única que conocemos, con discursos demagógicos, con politiquería barata? ¿Estaremos capacitados para organizarnos, garantizar la democracia plural, avanzar hacia modelos de mercados donde se respeten los derechos humanos y que no esclavicen aún más a la población? ¿Quedan deseos de diversidad de ideas, prácticas del pensamiento, autenticidad de palabra todavía en la población cubana que puedan ser puestos de inmediato y rigurosamente al servicio del progreso social, político, y económico? ¿Cuánto nos durarán las secuelas psicológicas del castrismo, teniendo en cuenta que la mayor tortura ha sido la psicológica, y que ésta se ha aplicado con excesiva sutilidad?
Nuestro país posee una historia, no sólo social, no sólo tuvimos héroes de mil batallas, hemos tenido grandes científicos, escritores, artistas, pensadores, pero también genios económicos, empresarios, luminosos emprendedores, y una tradición democrática antes del golpe de estado del año 1952, luego es poco sabido que Fulgencio Batista convocó a elecciones, malogradas por el terrorismo de los revoltosos castristas. El triunfo castrista del año 1959 es precisamente quien destaja de un golpe la vía democrática.
Supongo que la mayoría de los cubanos estemos dispuestos a una transición pacífica, a un cambio rápido pero con moderación e inteligencia; lo que es seguro es que los que no están dispuestos, a todas vistas, son los que mandan. El hecho de que ese cambio implique que haya que cambiar la legislatura y la constitución, porque nada puede ser posible en el sentido más amplio de la democracia con las leyes y la constitución vigentes, es precisamente lo que desean evitar los que se han apoderado de Cuba desde hace casi medio siglo.
El sábado leí en un periódico que la nueva medida era permitir el derecho a la vivienda. ¿Sin el estado, me pregunto? ¿O todavía seguirán los cubanos comprando al cincuenta por ciento con el estado? Cuando me fui de mi país perdí dos apartamentos, el mío y el de mi madre, ambos los pagué yo, pero no me pertenecían al cien por ciento, la prueba es que no pude venderlos, ni donárselos a un familiar, y mucho menos a un amigo. Para que en la Cuba futura la gente se sienta que vive en libertad deben cambiar las leyes de la propiedad. ¿Quién posee algo en Cuba hoy por hoy? Nadie. Ni siquiera la entrega de tierra a los campesinos significa nada. ¿Pueden esos campesinos vender libremente el producto de sus tierras? Sólo al estado, quien le revende al pueblo, en calidad de intermediario y cuyos beneficios son insólitos.
No creo, como se ha dicho en tantas ocasiones, que los antiguos propietarios en el exilio regresen a Cuba con el ánimo de reclamar y despojar a nadie de lo que les perteneció a ellos porque se lo ganaron con su trabajo. Al menos no lo harán con los cubanos de a pie, otra cosa muy distinta será cuando puedan probar que lo que antes les perteneció estuvo y está en manos de instituciones castristas, eso es otro cantar. No estoy de acuerdo con la recuperación avariciosa y despiadada, con el ojo por ojo diente por diente, no. Pero por el contrario, sí concibo la idea de que los cubanos que fueron expropiados, robados, merecen una indemnización razonable, que puede ser viable por diferentes métodos posibles en el mundo actual. De igual manera que confío en que una penalización, estudiada caso a caso, de aquellos inversionistas que colaboraron y colaboran con el régimen castrista y que utilizaron mano de obra esclava, pagándole a los ciudadanos cubanos a través del estado sumas miserables en moneda convertible, deberá llevarse a cabo en su momento.
Pero para que la sociedad cubana se entere y sobre todo perciba el cambio, debe disfrutar de la mejoría. No sólo de una mejoría económica, al mismo nivel de una mejoría social. Nada más real para recuperar un correcto sistema de salud del que se beneficien todos los cubanos que adoptar modelos que existen en Europa para la seguridad social, y en ese terreno Europa podría ayudarnos muy especialmente, no sólo poniendo en nuestras manos las soluciones, las soluciones sin el apoyo económico de poco valdrían.
En esa Cuba futura la palabra clave es la libertad, liberar a los presos, liberar la economía, liberar la sociedad y eliminar tabúes concebidos ideológicamente, liberar la educación y la salud, pero lo primero es liberar el poder, al menos por el momento. No existe ya nada que buscar en el pasado, como no sea la enseñanza, la experiencia, de concepción histórica. No aportaría nada alimentar rencores ni acudir a la venganza como liberación individual, pero no debemos olvidar lo que nos ocurrió. Y algunos sí tendrán que ser juzgados por tribunales penales internacionales, como ha ocurrido en otros países, pero no creo que deberá ser de importante preferencia. Lo principal es reconstruirnos moralmente, económica, política y socialmente, con odios no podríamos. Pero olvidar tampoco serviría.
Muchas veces he tenido que escuchar a personas que viven en el mundo libre decir que Cuba es perfecta, maravillosa, cívica. No he conseguido callarme nunca. Sé, desde luego, que tampoco estamos preparados para rehacer un país a la perfección, porque ésta no existe en sitio alguno. Pero al menos, permitamos que los cubanos lo decidan en democracia, dejemos que Cuba sea un país libre, pediría hasta que sea un país corriente, sin esos traumas del “faro de América Latina”, ni “el más antimperialista del planeta”, etc… En primer orden, porque todos esos epítetos gloriosos, muy a la china, por cierto, no son ni fueron patrimonio exclusivo de Fidel Castro. Cuba fue faro de América Latina desde el punto de vista económico en el año 1957, y mucho antes de que Fidel Castro tomara el poder el pueblo cubano fue antimperialista.
Que Cuba sea un país normal será posible porque los cubanos seremos capaces de serlo y de construirlo. El castrismo nos inoculó el miedo al capitalismo, y a ese veneno se han sumado muchos colaboracionistas del régimen. No pocos europeos lamentan que la isla cambie porque entonces se volverá capitalista, sin advertir que Castro ha hundido a ese país en la miseria, y la solución que encontró para sacarla de ella ha sido justamente la del capitalismo salvaje. Estas personas deberían admitir que lo que se les acabaría será la pachanga, el coger mangos bajitos a costa de la libertad de los cubanos.
¿Por qué no tendríamos derecho nosotros a un capitalismo también normal, con democracia y libertad? Basta ya de que nos toquen locos descerebrados para dirigir el país, basta ya de que sus deseos sean órdenes. Y seamos honestos, entre un mundo totalitarista, y un mundo capitalista, el segundo ha proporcionado mejores, no las perfectas, pero las más adecuadas propuestas de vida al ser humano. Podemos sospechar, sin embargo, que en el proceso de liberación y democratización muchos compatriotas quedarán al campo, pero esos serán los que han vivido cegados, con la fe puesta en el castrismo, y han renunciado a la esperanza, y a la dignidad verdadera que les facilitaría convertirse en individuos libres.
Raúl Castro no está en condiciones de abrirse completamente a un nuevo período. El debate político no ha sido liberado, la prueba ha sido el pasado congreso de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), que no varió un ápice de lo que ha propuesto como discurso hasta hoy, una especie de declaración de fervores patrios, o un compte rendu como termómetro para medir el estado de opinión; pero por encima de todo, los presos no han sido liberados, entre ellos poetas, periodistas independientes, bibliotecarios independientes. La diversidad social no puede confundirse con la variedad social. Lo diverso calcula la cantidad sin referirse exclusivamente al contenido. En lo variado el contenido es imprescindible, variedad puede existir en muy pocos sujetos. Las nuevas medidas raulistas no han, ni siquiera, aliviado el malestar de la población, generalizado por demás. Más bien lo han agudizado, ahora es cuando es y no cuando ellos quieran, porque es el momento en que la desigualdad y el racismo se agudizan. Para nadie es un secreto que en Cuba hay una pobreza devastadora: no olvidemos a los “buzos”, la gente que vive de los latones de basura, no olvidemos a los que no perciben remesas del extranjero ni tampoco ganan en CUC (moneda convertible entre el peso cubano y la moneda extranjera); no olvidemos que estamos hablando de la gran mayoría de la población cubana, de los obreros, de los ancianos jubilados, de los enfermos. No olvidemos a los negros, ciudadanos de segunda, por culpa del racismo inherente al castrismo.
Antes nadie podía adquirir nada, ahora podrán comprar los que tengan posibilidades y esos son muy pocos, una élite, la mayoría blanca. No creo que la otra, la gran mayoría esté de acuerdo, y por demás, contenta de mirar sencillamente cómo compran unos cuantos y ellos no. Aun cuando el poder reinante le haya inculcado en la cabeza a esa gente que ese es el capitalismo que les tocaría a ellos cuando el monstruo enseñe sus garras, pues, fíjense, sin necesidad de que el monstruo se aproxime, ya están viviendo el capitalismo salvaje de vitrina.
El lenguaje raulista, su método, no es otro que el de imponer un maquillaje, sin hablar mucho, sin invertir demasiada energía personal. Raúl no es Fidel, no posee ningún carisma ni verborrea orate que hipnotice. Raúl Castro sólo sabe manipular en la sombra, quedarse callado, y hacer chistecitos pesados, pero ha sabido ser astuto y le entregó el poder económico al ejército, desde aquella primera corporación denominada Gaviota, aunque no debemos olvidar MC, a los generales fusilados, y al negocio de la droga, amparado por los Castros. Raúl Castro está muy lejos de ser un mago, él mismo lo confesó, pero todavía más lejos de ser un demócrata. Y lo cierto es que en dos años de gobierno no ha cambiado más que el reducido derecho a la adquisición de la pacotilla para dar cuerpo de noticias a los periódicos occidentales.
En dos años, Raúl Castro no ha variado más de lo que variaron las cosas en el año 1989, cuando se inició aquel célebre Período de rectificación de errores y de tendencias negativas; época en la que empezaba la más dura crisis económica que haya vivido la isla con la caída del bloque comunista y la demanda de ciertos sectores de la sociedad de cambios evidentes; culminaba la época en la que el negocio de la droga y de la guerra en Angola habían facilitado un “confort” vivendi a la manera de algunos países comunistas, pero sin llegar a los que gozaba la RDA.
Aún no hemos visto la destrabazón de los negocios particulares, y los impuestos para quienes los tienen, cantidad ínfima, son altísimos, vejatorios, la moneda continúa siendo triple en un desajuste sin precedente, los salarios bajísimos, los precios escandalosos. No se ha hablado más del tan manoseado permiso de entrada y de salida para los emigrantes, o sencillamente para la gente que desee viajar (no sé con qué dinero lo harán, pero siempre estará el exilio que pague, o los extranjeros) El acceso a los hoteles es una de las peores bromas del cuento, tarifas máximas aplicadas a los cubanos, que por supuesto ganan una miseria.
Los dirigentes encabezados por Castro II no cesan de cacarear en reuniones internas que no admitirían un capitalismo de oligarcas, que el ejemplo podía ser cualquier país ex socialista, o por el contrario, Haití, donde impera la más grande las miserias, según ellos. No entiendo estos pronósticos por parte de hombres que dirigen un país, sólo con expectativas negativas, caóticas. También podrían analizar y concluir que podríamos llegar a ser Chile, o España, o Checoslovaquia… pero inevitablemente jamás se dan la posibilidad de ser ellos mismos eficientes.
La pregunta sigue siendo sin embargo, aún todas esas nuevas medidas, “medidas para gastar, no para ganar”, cito a un cuentapropista de a pie en el diario El País. Otra cuestión: ¿La eclosión económica durante la época de Pinochet justificaría sus crímenes?
Por otro lado, es cierto que en el capitalismo el que más gana es el que más posibilidades tiene de invertir, eso es realista; pero en el castro-comunismo, el que más gana se convierte en sospechoso, eso es raulista. Basta recordar los juicios a los generales y las ejecuciones posteriores en el año 1989, y el famoso discurso de Raúl Castro, en el que se preguntaba cómo era posible que esa gente hubiera ganado tanto dinero y viviera tan cómodamente, lo que ni remotamente era el caso del general Arnaldo Ochoa. Él mismo tenía la respuesta, porque el departamento de MC trabajaba bajo las órdenes de Fidel y de Raúl, ¿quiénes sino de ellos?
¿Quién tiene entonces la respuesta a la interrogante de si en Cuba habrá un proceso de transición pacífico y digno? Pues la respuesta la tienen los Castros, como en cualquier dictadura, ni el pueblo cubano, ni los disidentes, ni el gobierno norteamericano. Los Castros solos decidirán si los cambios “estructurales” anunciado por Castro II, y “espectaculares”, se harán en el terreno de la democracia y de las libertades, además de entregar a los campesinos el derecho a sus instrumentos de trabajo, y la pacotilla sensacionalista de móviles, arroceras, y toda la parafernalia citada. ¿Alguien podrá mañana levantarse, dirigirse a la plaza de la revolución y gritar a todo pulmón ¡viva Cuba libre!, sin que lo encarcelen? Ya no estoy hablando de un grito de ¡abajo Fidel!, o peor aún, en estos momentos, ¡abajo Raúl!
Es curioso, cuando se tocan estos temas en bocas cubanas suena a pasión, a sinrazón, para algunos.
Ayer leí en Penúltimos días, luego en El Nuevo Herald, que el músico cubano Elvis Manuel, se encontraba desaparecido después de un intento de irse del país en una lancha. La lancha se encontró vacía, no se sabe si el joven pudo embarcarse en ella, o si la policía castrista lo detuvo antes. Su madre sí consiguió irse en otra lancha, un escampavías norteamericano la deportó a Cuba. Nada más. Llevamos cuarenta y tantos años soportando estos dramas, miles y miles de personas han muerto devorados por los tiburones. ¿La culpa es del imperialismo yanqui, huyen los cubanos de ese imperialismo, o de la dictadura castro-comunista? Estos son nuestros desaparecidos, tienen nombres y apellidos, tuvieron profesiones, sueños y esperanzas. En un video que encontré en youtube, el joven Elvis Manuel, junto a otros jóvenes, cantan, improvisan, uno de ellos sostiene dos teléfonos móviles, y se puede ver una computadora, medio desguasada, pero funcionando… Por lo visto las nuevas medidas raulistas, con el extremista ortodoxo Machado Ventura como segundo, y los militares de toda la vida, no lo detuvieron a la hora de decidir exiliarse, por lo visto Elvis Manuel busca, ojalá esté vivo, no sólo teléfonos celulares, y lo demás, por encima de todo un sitio donde su creatividad prospere en libertad, porque no es fácil arriesgar la vida de esa manera.No estoy de acuerdo con los que afirman que la oposición y el exilio han sostenido una posición férrea ante el inmovilismo de La Habana. La posición de los exiliados y de los disímiles grupos de disidentes durante estos cuarenta y nueve años ha puesto en la mesa múltiples proyectos, desde los más exigentes hasta los más flojos en relación a la dictadura, ninguno de esos proyectos le ha valido a los Castros. Del otro lado de la mesa, el vacío. Con los Castros no se dialoga, ellos no quieren. Con los Castros siempre ha sido a la brava, ¿o ya hemos olvidado el derrumbe de las avionetas justo cuando el ex presidente Clinton hacía sus fintas para suavizar el boicot comercial? La oposición y el exilio deben seguir como hasta ahora, en su diversidad, en su exigencia de la democracia y de las libertades civiles, porque sólo eso garantizará la puesta en marcha del respeto a nuestro dolor, es una deuda pendiente del mundo con los cubanos- y por encima de todo, el trayecto limpio hacia una sociedad democrática. Deberíamos leer más a Leví Marrero y su Cuba: economía y sociedad, o Cuba: isla abierta, para comprobar que no sólo se han manejado en el exilio propuestas políticas extremistas.Sin embargo, la disidencia y el exilio están en su derecho de no reconocer el gobierno raulista en una sucesión dinástica, puesto que tampoco ese gobierno los considera a ellos. El primer paso lo debe dar el gobierno, contestar las miles de cartas que estos disidentes les han enviado durante estos años y no encarcelarlos cada vez que les escriben, como hicieron con La protesta de los Diez, y enviar respuestas reconociendo su fracaso. ¿Quién le ha pedido disculpas a María Elena Cruz Varela? ¿Estarían dispuestos? Hace poco, Mariela Castro, presidenta de la CENESEX, hija de Raúl Castro, afirmó, entre otras barbaridades, que la represión de homosexuales “había sido light.” ¿Es esto un reconocimiento al sufrimiento y a las humillaciones por las que pasaron tantos homosexuales en la isla? ¿Es esto un arrepentimiento? Más bien me parece una burla ante tantos destinos rotos en los campos de concentración castristas, los UMAP.
La fuerza moral está hoy en día de parte de los disidentes y de los exiliados, del sacrificado pueblo cubano. La clase dirigente posee la fuerza económica y política, pero también la represora. Tendría que desaparecer la fuerza represora, y poner en función de la fuerza moral el resto de las fuerzas. ¿Serían capaces?
Como ven, existen más interrogantes que propuestas. O quizás aún no hayamos sabido valorar las propuestas del exilio y de la oposición interna, y sigamos a la expectativa de lo que dictamina el buró político y el consejo de estado. Yo sólo admito la idea de la libertad, de un estado de derecho, de la democracia. Creo que es el único modo de dejar de ser sólo seres cubanos y convertirnos en seres humanos. En la antigua Roma a los esclavos se les saciaba el hambre, también a los esclavos africanos se les saciaba el hambre en los barracones con dietas que ya quisieran los cubanos de hoy, y seguían siendo esclavos. Esperemos que los cubanos muy pronto puedan saciar pacíficamente su sed de libertad, y puedan apreciar la vida de forma libre y natural, como en aquel poema dedicado Al Cauto de Carlos Manuel de Céspedes:


“Así es el hombre. Entre caricias nace;

risueño, el mundo al goce le convida;

todo es amor, y movimiento y vida.”


Muchas gracias.


14 de abril del 2008.


© Zoe Valdés

jueves, 10 de abril de 2008

Cada loco con su tema...

Es curioso: Chávez anda nacionalizando industrias, quizás aprovechando la bonanza de los precios del petróleo y el ingreso fabuloso que esa situación le crea a los países petroleros. Va nacionalizar tres cementeras y ya nacionalizó una siderúrgica. Vale mencionar quela nacionalización implica que el gobierno las compra, no que se las roba, como hizo Fidel en Cuba. Por cierto, el vicepresidente de Venezuela, al anunciar la noticia, dijo que la decisión había sido tomada la víspera por el “Comandante Presidente Hugo Chávez”. Comandante Presidente. Pal carajo…

Por otro lado acabo de leer que el gobierno cubano está estudiando la posibilidad de ampliar la inversión privada extranjera en la agricultura cubana . Por cierto, yo no sabía que ya existía inversión privada en ese sector, aunque algo de eso escuché hace 10 ó 12 años, que una rama de la compañía canadiense Sherrit, exitosa inversionista en la industria cubana del níquel, se estaba expandiendo hacia el petróleo y hacia intentos con la agricultura. En fin, ya veremos.

Pero lo que me motivó a comentar este asunto: Chávez sacando a los capitalistas de Venezuela y arriesgando una ineficiencia feroz en dos industrias fundamentales; Raúl metiendo a los capitalistas en Cuba buscando quien le de comida a la gente…

Son tiempos interesantes, sin duda. Después de haber vivido los estáticos 80, de haber sobrevivido los convulsos 90, estoy seguro de estar viviendo algo trascendente en esta primera década del XXI.

Estoy muy entretenido.

viernes, 4 de abril de 2008

¡Yoani con el Ortega y Gasset!

Yoani Sanchez, la bloquera No. 1 de Cuba, se alzó nada menos que con el premio Ortega y Gasset en la categoría de periodismo digital.

Merecidísimo y muy grato en medio de tanto bodrio intelectualoide que uno se encuentra por ahí.

Como cubano y bloguero me siento orgulloso y ahí le van mi abrazo, felicitación y admiración a la Y.

jueves, 3 de abril de 2008

Ya tienen los cubanos, vamos a ver... II parte

Algunos mexicanos bienintencionados se me han acercado y me han comentado con entusiasmo acerca de las nuevas medidas que Raúl Castro ha promovido en Cuba. Por supuesto, los comentarios no carecen de perplejidad, pues por acá no es muy concebible que se necesite permiso para comprar un televisor o para entrar a un hotel. Y claro que causa cierta incomodidad comentar estos absurdos.

Sin embargo, he tenido que hacerla de abogado del diablo y poner las cosas, según yo, en su lugar.

El 60% de los mexicanos no puede comprar un televisor LCD ni hospedarse en un hotel ni rentar un carro ni comprar un celular. Simplemente viven por debajo del nivel de pobreza y no disponen de dinero para esos fines.

Por tanto, el bienvenido y positivo levantamiento de esas absurdas prohibiciones que está teniendo lugar en Cuba, ha comenzado a equiparar al 99% de los cubanos con el 60% de los mexicanos.

Es decir, ya están apareciendo condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que los cubanos de adentro lleguen al siglo XXI y a la frontera de la pobreza.

Bienvenidos.

lunes, 31 de marzo de 2008

Ya tienen los cubanos, vamos a ver…

La posibilidad de comprar televisiones y computadoras
La posibilidad de comprar y utilizar celulares
La posibilidad de alojarse en hoteles
La posibilidad de rentar autos

¿Cambia eso la realidad cotidiana de la mayoría? No.

Pero tiene muy buen sabor… Sabe a cambio.

jueves, 9 de agosto de 2007

Crónicas de un país cómico

Voy a escribir sobre mi reciente viaje a Cuba, algunas anécdotas... y algunas fotos (click en las fotos para ampliarlas)... Ademas, tengo la prueba definitiva de que Malanga fue abajo. Pero eso, más adelante...

Día 0, Aeropuerto aquí:

6 de la mañana. La muchacha de la aerolínea revisa los boletos, les da vuelta un par de veces, teclea algo en su PC, mira la pantalla y con cara compungida me dice que no aparecen reservaciones a mi nombre y que, por tanto, no voy a poder viajar en ese vuelo. Y yo, que pagué los boletos hace 4 meses, me sonrío y le digo que busque mejor, que por ahí debe estar la información.

La muchacha desiste y me pasa con su compañera que, sonriente también, me dice lo mismo que la anterior pero que, en una segunda mirada a los boletos, exclama: “Ah, es que son boletos electrónicos, claro que aquí está su reservación…” y así, a pesar de empleada somnolienta de la aerolínea que casi me provoca un infarto, nos vamos al DF.

Día 0, en el DF:

En un viaje normal uno llega a una sala de espera de un aeropuerto y allí hay un grupo de personas leyendo, tomándose un refresco o con una botellita de agua en la mano, conversando en voz baja, con un maletín o maleta pequeña como equipaje de mano. En su momento, los empleados de la aerolínea te anuncian que el avión está listo y comienzan a llamar a los viejitos, a los impedidos, a los de primera clase y después a los demás. Y todos se suben al avión y se van a su destino. Normal. Pero viajar a Cuba no es normal.

Cuando uno llega a la sala de espera, lo primero que llama la atención es la cantidad de equipaje de mano que llevan los pasajeros. Mucho y voluminoso. El ambiente es tenso; los inconfundibles cubanos tienen los ojos dilatados por el stress, mirando escrutadoramente a todo el que llega, al que está al lado. Parecen un paranoico resorte, prestos a saltar ante cada comentario nuevo, ante cada persona que se acerca al mostrador de la aerolínea a preguntar algo, pues esa puede ser información valiosa sobre pesos, sobrepesos, permisos, prohibiciones, sobre lo que dicen que dice que pasa en la aduana cubana y sobre la hora de salida del avión. Y sobre esos temas precisamente giran todas las conversaciones.

Y allí estábamos, esperando, cuando, súbitamente, un empleado de Mexicana de Aviación agarra el micrófono, dice “uno, dos…”, carraspea y seguidamente advierte que se admite sólo una pieza de equipaje de mano por persona y que, si alguien tiene más que eso, puede acercarse al mostrador para que sea enviada la pieza adicional a las entrañas generosas del avión. Los cubanos entonces se miran unos a otros e instintivamente cierran sus manos sobre las asas de maletas, abrazan con frenesí a sus paquetes, con todo el propósito de subirlos a la cabina del avión, a pesar de la advertencia, por encima de la cabeza de cualquiera y ya van a ver si no…

Y como para dar comienzo a ese proceso de rebeldía, todos se paran y se arremolinan en la entrada del túnel que lleva al avión, un grupo sudoroso e inquieto, ansiosos por entrar ellos y sus paquetes, asediando la entrada al avión diez minutos antes de la primera llamada a abordar. Ni la llamada a minusvalidos, ancianos o primera clase logra que hagan lugar; no basta pedir permiso, hay que empujar, atropellar, pasar como por el pasillo del camello. Mientras un mulato, que debe pedir un metro noventa y que está parado en la vanguardia de la turba, cada vez que alguien pasa por su lado en dirección al avión hace un aspaviento y le pregunta al empleado de la aerolínea, “¿Por fin ya me toca a mi?” Y finalmente, despegamos, volamos y aterrizamos felizmente.

Dia 0, Aeropuerto José Martí:

Lo primero que siempre me impacta es la belleza de Cuba: el avión va sobrevolando Pinar del Río y La Habana y es un festival de colores: verdes intensos y frescos, agua por todos lados, el rojo de la tierra, el mar… una belleza. Inclusive, la Ciudad se ve linda. Desde arriba todo se ve lindo. Quizás por eso, si hay un Dios, tiene información equivocada sobre los asuntos de aquí abajo. Pero bueno, todo es efímero, como diría el poeta, y el avión aterriza.

Lo segundo que me impacta es el aeropuerto: pequeño, parece desolado, quizas porque vengo del aeropuerto del DF. Sólo se ven un par de aviones de raras aerolíneas que traen europeos a Cuba en vuelos charters. Y siempre me pasa lo mismo, es la misma sensación de que estoy entrando a un tiempo detenido.

La humedad me espera allí mismo, en la salida del avión, junto a la persona vestida de verde olivo que observa con indiferencia bovina a los que pasan y que no da la bienvenida y ni saluda, sólo mira… Un breve recorrido por un pasillo y una escalera que lleva a un gran salón, lleno de columnas, donde hay un ambiente ocre y que da la impresión de ser de techo muy bajo. En la pared, algunos inevitables anuncios sobre lugares turísticos no logran romper la monotonía y fealdad del lugar. Y en la larga pared del fondo, las garitas de la autoridad migratoria.

Hay que llenar un breve cuestionario que filosóficamente pregunta quién eres, de donde vienes, como llegaste y adonde vas. No traigo pluma, pero hay un stand donde un aburrido señor mira en una TV algo deportivo. Le saludo con una sonrisa, le pido ayuda y el hombre, sin quitar los ojos de la TV, me entrega una pluma que está ante él y me dice “Ponte pa´llá…” y me señala un costado del stand, pues por alguna razón necesita que nadie esté parado justo en su frente. Lleno el papel, le devuelvo la pluma, le agradezco y sigo hacia el chequeo de migración. Todo en orden. Paso una puerta y allí están los legendarios aduaneros.

Hoy viajo en comitiva y por eso llevamos 4 reproductores de DVD, maletas de 25 kilogramos y una maleta de mano casi llena de medicinas. Estuve estudiando las nuevas disposiciones aduanales con mucho tiempo de antelación, haciendo preguntas, buscando experiencias, pero siempre es diferente. Como dice alguien querido, el dragón da un coletazo y todo cambia sin previo aviso. Y a mi me jode que los aduaneros me jodan, así que, declaradamente paranoico, pongo mi equipaje para que lo revisen con los rayos X.

Pasan los DVD y el aduanero pregunta retóricamente “¿Son DVD´s?” y marca la maleta con una tira de plástico. Sigue la maleta con las medicinas, mientras yo me pongo de nuevo el cinturón y recupero reloj y billetera. “Psss, lleva esta maleta pa´llá…” y ese fue el aduanero que amablemente me indica con un movimiento de su barbilla que “pa´lla” es una mesa donde hay una señora con bata blanca esperando. Y voy pa´lla con la maleta de medicinas y la señora de bata blanca me pregunta si traigo algo inyectable y, cuando constata que no es heroína, me deja pasar.

Pagamos por los DVD´s (51 pesos cubanos por cada uno, pues los miembros de mi comitiva, que son los portadores de los DVD´s, son residentes en Cuba) y me voy directo a la salida, pero un pitido me detiene. “Vaya pa´lla a que le revisen la maleta…” Que manera de joder esta combinación de maletas y aduaneros.

Una mujer rubia está en este otro “pa´lla”, al lado de una gran balanza electrónica. Pesa mi equipaje y, como está en peso, no hay un solo problema. “Pon aquella también…” y claro, aquella es la maleta de las medicinas y yo, tipo listo, que hasta los comentarios de sala de espera de aeropuerto escucho, sé que las medicinas no cuentan para el peso. “Son medicinas…”, digo, “A ver… “, dice la rubia en un inexplicable arranque de desconfianza; mira dentro de la maleta y algo llama su atención. “¿Quejeso?”, me dice y jeso es mi cámara fotográfica y la rubia entrecierra los ojos con suspicacia y mira pal otro lado de la maleta y “¿Y eso que é?”, y eso es mi reproductor de mp3 y los ojos de la mujer ahora son unas pequeñas y recelosas hendijas que apenas dejan ver cuanta astucia hay en la funcionaria. La rubia duda un par de segundos, me mira, abre los ojos para verme mejor y decide dejarme ir.

Finalmente, salgo de la aduana y allá afuera me espera gente querida y un calor húmedo del recarajo.


Dia 0: El barrio, el carro y el hombre nuevo


Hay un pariente político que vive por aquí y que alguna vez me dijo que en La Ciudad no hace falta un carro, “Yo me muevo en carros de los de 20 pesos y ya…”. Pero no hay que juzgarlo con demasiada dureza: él es un tipo normal, razonable, a pesar de lo que dice, sólo es medio así…

Bueno, yo no coincido con él. Cada vez que voy a Cuba rento un carro, hasta ahora a particulares, que por 30 CUC diarios te ceden su carrito. Esta vez no fue la excepción: un vecino, al que yo no conocía (mucho tiempo lejos…), tuvo conversaciones con mis padres acerca de su disposición a rentarme su carro y etc. A raíz de eso, tuvimos una suerte de negociación previa por e-mail y, después de preguntarle tres veces el precio de su renta, me dijo que 30 CUC diarios. No me gustó tener que preguntar tres veces, mala espina… Como si fuera poco, comenzó a enviarme listas de piezas que necesitaba para su carro, que si cotízame esto, que si consígueme lo otro… no me gustó ese asunto tampoco, así que, en un altruista corte por lo sano, le expliqué que le llevaría una sola pieza, que cuesta tanto y que debía ser ligera y no complicada para fines aduanales. Más mala espina.

En fin, el carro era un Nissan de principio de los 90, bastante maltrecho. Malos frenos, dirección algo temblorosa, carburación mediocre, la amortiguación ausente, una rueda haciendo “S”, sin aire acondicionado y, para colmo, recomendable vestir overall de mecánico para subir al carrito: el primer día que lo manejé me dejó una impresión en grasa del cinturón de seguridad en mi pulóver. Así es, muy mala espina. Pero mi nivel de exigencia en Cuba se relaja y me pongo comprensivo, no viene uno a hacer comparaciones ociosas, así que tomé el carro. Ajustamos precios, hicimos cuentas y “Descuentas lo que me debes por la pieza del precio del carro…”, le digo, y el hombre se transfiguró. Ese no es el trato, me dice, y yo no conocía ningún trato, así que pregunto que cuál es ese trato y él que fíjate que yo te hago una concesión en el precio, porque es un favor a tus papás y tú también debes hacerme una concesión en el precio de la pieza, porque yo normalmente cobro por el carro 40 CUC diarios y a ti te lo estoy dando en 30, pero además necesito que me pagues todo por adelantado y en fin, ya yo no podía menos que sonreír y le dije que OK, déjame ver mañana, y el hombre debatiéndose entre las dos ansiedades, una por joderme y otra por no perder el negocio y el tipo, a pesar de ser negro, es transparente.

En fin, la pieza costó el equivalente a 120 CUC, que son 4 días de renta y al cuarto día le devolví el carro a su dueño, muchas gracias y estamos chao. El tipo, pues disgustado, la presa ha escapado. No me voy a extender en las razones que le di para que “entendiera” porqué yo no necesito que me hagan favores, que yo pago y espero recibir lo justo a cambio, que su carro, para mis intereses, no era el adecuado, que muchas gracias. Y así terminó el negocio con el tipo listo que tenía toda la intención de salir con un jugoso pedazo de mi presupuesto Cuba entre los dientes. Es curioso que algunas gentes en Cuba piensen que los que estamos en el extranjero padecemos de coprofagia crónica, sin pensar que, si uno está aquí, y sobrevive, es precisamente por no andar tonteando. O por lo menos la mayoría de los que estamos.

Y así, me fui a buscar un carro de los que renta el estado. Pero eso fue el día 4.


Día 2: La playa, que maravilla

Los habaneros tenemos el privilegio de contar con una franja de varios kilómetros de excelente playa a escasos 20 minutos de la Ciudad. Y son playas estilo Caribe, que son, por mucho, las mejores del mundo. Y el que no lo crea, que se dé una vuelta por las playas del Pacifico…

Yo voy a Cuba en esa época infernal que es Julio-Agosto por varias razones y una de ellas es la playa. Cuando llego a Cuba se me nota lo “de afuera” a la legua, pues yo aquí me he despigmentado y hasta por blanco paso. Por eso, en aras de evitar un melanoma fulminante, me compré un bloqueador solar Banana Boat, factor 50, tamaño familiar, que me costó 10 USD en el norte revuelto y brutal, y que, al ponértelo, equivale a estar sentado en la sala de tu casa, aunque estés bajo la radiación nuclear del sol cubano. Que maravilla.

Y el primer día que fui a la playa, mientras caminaba hacia la orilla, extasiado, mirando arena, agua y cubanas, se me cayó el tubo de bloqueador, tardé un minuto en darme cuenta, regresé, y ya no estaba. Carajo, relampagueantes mis paisanos. Era mediodía, hora fatal, así que de inmediato dejé a mis hijas bañándose y me fui a varias tiendas de la cercanía las cuales, por esas extrañas razones de un país cómico, no tienen bloqueador de sol. En la playa. En pleno verano. Ya entonado, regresé a la playa, resignado a sentarme a la sombra, le ronca el mango, cuando el parqueador me ofreció su bloqueador, “me lo regaló un yuma, échatelo, no hay problema…”. Tipo buena gente, en la segunda entrada que está entre el Atlántico y el Marazul, que ya no se llama Marazul. Dos días después encontré un bloqueador de sol factor 30, de procedencia argentina, en una farmacia en el Comodoro, a 22 CUC un tubito de 150 mL. Y menos mal, porque ya parecía yo una langosta hervida.

El hielo es otro asunto cómico. Hielo en un país tropical, en verano, suena a cosa imprescindible. Pero en Cuba tales cosas no lo son. Me prestaron una hielera portátil (o nevera portátil, le dicen en Cuba) y entonces el problema fue donde conseguir hielo. Que si en algunos Cupet o en algún Oro Negro, pero eso a veces, ya sabes, se pierde. El primer día yo tuve que ir a cuatro gasolineras Oro Negro para encontrar gasolina especial. Y si eso es con la gasolina, que dejamos para el hielo. Desconsolado, casi devuelvo la hielera cuando… apareció Caridad. Caridad, Cacha para los conocidos, hace hielo en su casa y te vende el jarro grande a 5 pesos. Previo aviso, te puede reservar unos 3 ó 4 jarros y así puedes enfriar tus refresquitos y cervecitas. Que viva el espíritu emprendedor y Cacha, la micro-empresaria que descubrió un sector de mercado y lo explota… por el momento.

Por cierto, las fotos son en Santa Maria, con la gente allí... y de lo que dejan cuando se van. Y eso no tiene que ver con la política sino con la cochinada de muchos allá.


Día 4, el tur…


Definitivamente, si uno puede permitírselo, es absolutamente recomendable alquilar un carro oficial, los llamados tur. Son bastante más caros que un auto privado, pero tienen aire acondicionado, están en buenas condiciones generales, tienen un seguro que cubre accidentes, etc.

Con esa idea, rentar un tur, me levanté ese día, agarré el teléfono, la guía telefónica y al cabo de 20 minutos logré hablar con un “punto de venta”, es decir, donde se alquilan los carros. “90 CUC diarios… esa es la opción económica”, me dijo la voz y yo pensé, ”Jone…”, me despedí y colgué. Entonces me acordé de un cuasi amigo que tuvo que ver con ese gremio, hallé su número y le hablé. Me dio dos o tres tips, que, para no hacer el cuento largo, me llevaron al aeropuerto José Martí.

Allí hay dos o tres agencias para renta de carros en el interior del edificio. No sé porqué tantas, se preguntaría uno, ya que en Cuba no existe la libre competencia, pero… compiten. En la primera pregunté por el mismo carro opción económica. “85 CUC diarios…” y me fui a la segunda agencia: “80 CUC…”, pero me recomendaron que hablara con quién estuviera en unas garitas que están fuera del edificio, en el estacionamiento de los tur, a ver que se resolvía allí. En la primera garita, nadie; en la segunda, “85 CUC…”. Cuando me alejaba de la garita salió un tipo corriendo de adentro del edificio, “Oiga señor, vaya a la primera agencia…”. En la primera agencia estaban dispuestos nada menos que a hacerme un favor (a estas alturas yo estaba realmente divertido) porque, ya sabe, tenemos mucha demanda, temporada alta, en fin… Si se espera unas horas quizás devuelvan un carro de 75 CUC. No, me voy. No, mire, mire, señor… esteeee… déjeme hago una llamada, ajá, tráelo para´cá, pero rápido y fíjese, hay uno ahí en la base que no es de aquí, pero se lo puedo alquilar, ¿en cuanto?, en 70 CUC, pero eso es ya con un porciento de descuento, ¿me entiende?, y yo que no, me voy, oiga, mire 67 y ya me tuve que reír y preguntar, “Compadre, ¿este negocio es de Uds?, porque este tipo de descuentos nada mas los da el dueño, no los empleados…” y , je, je, bueno, esteee… y alquilé el carro, cuyo precio, por arte de la mafia que tienen las agencias de carros en Cuba, bajó de 90 CUC diarios a 67.

Y aun creo que me tumbaron dinero…


Ese mismo día, manejando en Cuba:

Lo mejor que hice, sin dudas, fue alquilar el tur. Aire acondicionado, todo funcionando y el respaldo del Estado Cubano en caso de accidentes o averías. No se puede pedir más. Y eso es importante, porque manejar en Cuba es muy, pero muy peligroso.

Apenas hay señalizaciones, las calles están mal iluminadas o totalmente oscuras; hay muchos baches, enormes, no hay carriles marcados, no hay advertencias sobre curvas, desvíos, intersecciones, velocidades, en fin, un desastre. Y en medio de ese desastre voy yo manejando a las 9 de la noche por la calle 100, en el tramo que va desde 51 hacia la avenida Boyeros, en medio de un intenso aguacero. Voy manejando por la izquierda, a la usanza local, pegado a la línea central para no perder el carril. Ese es uno de los pocos tramos de la Ciudad donde se puede manejar a 60 km por hora, pero yo voy a 50, por la lluvia y la oscuridad. Voy bajando la curva que bordea Poggolotti y al final tomo la recta que lleva al puente que cruza sobre la autopista que va a Pinar del Río.

Justo antes de comenzar el puente paso sobre la línea de tren, que lleva desactivada muchos años, pero cuyos raíles aun atraviesan la calle, por razones sentimentales quizás. Inmediatamente comienza la subida del puente, acelero un poco y de pronto, sin más, aparece enfrente de mí el separador del puente, que se ensancha en ese punto, invadiendo casi un metro de calle a cada lado. Como voy pegado a la izquierda, no veo bien por la lluvia, no hay señalización que te advierta que hay un separador desparramado y acechando en la oscuridad y yo no me sé de memoria el recorrido, impacto con el separador con la rueda izquierda, el carro se inclina hacia la derecha, amenazando volcarse, lo enderezo de milagro y regresan las 4 ruedas al pavimento, una de ellas deformada por el choque.

Mis hijas estaban aterrorizadas, yo asustado y tremendamente encabronado, despotricando contra la estupidez, desidia y tercermundismo del Mecanismo, que sólo se preocupa porque se maneje a 40 km por hora y con ello da por resueltos todos los problemas de tráfico. No ayudó a mejorar mi ánimo tenerme que poner a cambiar la rueda bajo la lluvia y en la oscuridad.


Al día siguiente, varios lugares:

Base de Havanautos en la rotonda de la CUJAE:

Llego en el carro para que me sustituyan la llanta y goma averiadas. Unos tres hombres conversan, despatarrados en la garita de entrada. Me miran, me ignoran y siguen conversando. Apago el carro, me bajo y enfilo hacia el interior del edificio, siguiendo el letrero que dice Gerencia. Hoy me siento mal, algo jodido por el entorno anormal en que estoy metido. Y subí mis niveles de exigencia. Comprensivo, un carajo. Vaya, ando imperfecto.

“¡Psst, eh!” y eso es para un perro, no para mí, y sigo caminando y “¡Señor, oiga, señor!” y eso está mejor y me detengo, esperando a que llegue a mi lado la persona que abandonó la garita a paso doble al verme tomar camino del interior del edificio. Cuatro días en Cuba son mas que suficientes para que ya uno no espere un “buenos días”, ni “en que puedo servirle” ni “gracias” ni ninguna de las formulas de amabilidad que usa la gente en otros lugares. Y de pronto me siento cómodo en la incivilidad y mi mujer desaprobaría mi actitud; pero yo ando cabrón, no echar margaritas a los cerdos, dicen que se dice acerca de esta situación. “Oye, ayer tuve un percance y se jorobó la llanta… pa que la cambien” y me doy cuenta que son el tono, la sintaxis y la frase adecuados para las circunstancias. El tipo toma la llanta y, sin decir una palabra, se va a lo que parece un taller. Regresa a los 15 ó 20 minutos con una llanta aparentemente en buen estado pero, cuando la miro con más cuidado, me percato de que es la misma averiada, enderezada a martillazos. Entre la llanta y la goma aun se escapa aire con un ligero siseo. El mecánico la coloca en el piso, va por una mandarria y golpea la llanta hasta que deja de sisear. “Yo no quiero esa goma, quiero una nueva…” y el mecánico me mira con cara de “pobrecito este tipo” y me dice que allí no tienen llantas para este tipo de carro, y ¿entonces?, pregunto, pues no sé, me dice y siento una presión creciente en las sienes, cuando llega un carrito y el mecánico me dice, Ah, mire, el administrador de no sé que cosa.

Allá se van el mecánico y otro tipo que se le une y conversan con el administrador de no sé que cosa, con abundancia de ademanes, señalando de vez en cuando hacia el carro. Hacen una pausa y el administrador de no sé que cosa habla por un radio y me espanta escuchar que pregunta donde se puede conseguir una llanta de ese tipo en Ciudad Habana. Es alarmante, ya estoy teniendo un problema de proporciones casi globales. Le responden algo que no alcanzo a escuchar y el tipo que se les unió regresa a mi lado y me dice, “Mira, eso tú lo consigues en el casco histórico. Vas allí y habla con el jefe de la base en cualquier hotel y…”. Se detiene cuando ve mi mano alzada pidiéndole un time, un break, una pausa en el absurdo. Respiro profundo y le digo en voz baja y pausada: “Mi amigo, yo no voy a ir ninguna parte. Por lo que yo estoy pagando por ese carro, hace media hora que Uds debían haber resuelto este problema, ¿tú no crees?…” Y el hombre se arrasca la cabeza y me dice que simplemente él no tiene solución ni el administrador de no sé que cosa y yo doy media vuelta, me monto en el carro, me voy camino hacia el aeropuerto, donde alquilé el carro, y me voy pensando en la falta que le hace a este triste pais un capitalismo brutal combinado con un estado de derecho. Algo así como un rabo de nube, que se llevara lo feo y nos dejara el querube...

Y de nuevo en el Aeropuerto José Martí, en la agencia primera, donde me dicen… ¡que ese problema lo resuelven en la base de la rotonda de la CUJAE, que fuera para allá! No es necesario que relate lo que dije y como lo dije. El hecho es que apareció la llanta, una goma nueva y un chofer que me llevó a otra base donde, por fin, me dieron el servicio.

¿Cómico o triste?


El día después que terminaron los Panamericanos, la frase más tremebunda.

Siempre hay una frase que a uno lo deja pensativo. En Cuba se escuchan muchas: en la calle, en tu casa, en la del vecino, pero las mejores están, en mi opinión, en la TV, en el Noticiero Nacional de Televisión.

La profesión más triste que se puede ejercer en Cuba es la de periodista. Estos pobres, o son voceros convencidos del régimen y sólo repiten lo autorizado, orientado y aprobado por el Mecanismo o son unos idiotas. Cualquiera de las dos variantes lleva al mismo resultado. Y no hay lugar mejor para disfrutar el espectáculo del periodismo cubano que el NTV.

Y allí, ese día después de los Panamericanos, un comentarista deportivo, cuyo nombre desgraciadamente no recuerdo, dijo la siguiente perla:

“Nuestra delegación conquistó exitosamente un honroso segundo lugar con una labor excelente. Por su parte, la delegación estadounidense ocupó el primer lugar con un desempeño decepcionante…”

¿Qué más se puede decir…?



Día 5, Los tiburones.

En Cuba se han acuñado frases y modismos que se refieren a como sacar ventaja de algo o alguien: arañar, tumbar, joder, jinetear… Todas van sobre lo mismo. Pero ya estas frases han caducado, se han quedado cortas, remisas, ya no explican lo que sucede. Y es que ahora hay tiburones. Y como tales vienen a arrancar el trozo mas grande que puedan morder, a dejarte sangrando, a ti, al bobo que viene de “afuera” a tratar de negociar con los pícaros “de adentro”.

Ya escribí sobre un par de ellos más arriba: el tipo del carro particular, los tipos de los carros oficiales. Sólo la presa es la misma, pero los tiburones están en todos lados y son de todos tamaños. Desde el parqueador que juzga por el carro que traes y te dice que sus servicios valen 50 centavos CUC, cuando lo habitual es que le paguen con 5 pesos cubanos, la señora de la catedral que no se deja fotografiar la cara si no pagas y la cubre con su abanico, con gesto elegante, pasando por los mercaderes underground de pescados, mariscos y carne, los vendedores de artesanías, que te saludan con un "Hola..." y se quedan con la mirada de duda sobre si eres o no eres, hasta llegar a los traficantes con serigrafías, grabados o arte.

Tuve la oportunidad de visitar una feria que está instalada en el Pabellón Cuba, ArteRampa creo que se llama, donde se expone desde bisutería de alambre hasta serigrafías de artistas cubanos. Y precisamente en la entrada, en el primer stand que uno encuentra, hay una bellísima serigrafía de Fabelo.

A mí siempre me gustó Fabelo; ese coqueteo con lo surrealista, bien concebido, bien dibujado. Y desde mi lugar, mientras hacía la cola para pagar la entrada a la Feria, la vi. Y fui a verla de cerca, “¿La venden?” y la mujer me mira, enfoca, me aquilata y entonces decide sonreír, “Claro, pase por favor…” y paso y miro y un pequeño letrero dice 40 CUC. La serigrafía es una imagen de mujer, torso desnudo, en una taza, tonos azules, sensual, agradable, bonita. Miro otra vez y entonces, jone, dice 400, espérate, me había faltado un cero, 400 CUC por la serigrafía, ´tán locos está gente y, “Señora, ¿no hay un lugar donde se consiga un precio (la palabra que me venía a la mente era razonable) más bajo?” y la señora sonríe condescendiente y me asegura que no, que va, este es un precio de ganga y yo, que no sé de arte, pero que tengo amigos anticuarios, sé que una serigrafía no es arte y además sé que, por 400 CUC, puedo comprar un original pequeño de un pintor contemporáneo. Pero a mí me gustó esa serigrafía. Mucho.

Y después de un par de telefonazos voy a parar a un taller de serigrafía en la Habana Vieja. Una ajada recepcionista me mira con curiosidad y envía un recado a la persona por la que pregunté. En menos de un minuto aparece el tiburón, que me aquilata y también decide sonreír. Últimamente tengo ese efecto en la gente. Me lleva a un pequeño cuarto sin ventanas, donde el olor a humedad es el más intenso que recuerdo haber sentido. En una mesa se amontonan papeles y latas manchadas, que el tiburón aparta de un coletazo. Toma de un rincón una gran carpeta, la abre y allí tiene muchas serigrafías. No está la que yo busco, cosa que él ya sabía, pero hizo su intento. Finalmente, obtengo otro teléfono y un nombre, allí la vas a encontrar, me dice.

El teléfono me lleva a otro taller de serigrafía, donde otros dos tiburones se disputan mi atención. Después de mostrarme más carpetas, repletas de serigrafías, de hablarme de oportunidades únicas y pintores emergentes, suspiran ante mi necedad y obstinación y, por fin, traen al tiburón que tiene la serigrafía que busco. Es la misma que había visto antes, seductora, encantadora, no le puedo quitar la vista de encima. Pero hay un foco amarillo encendido en mi zona paranoica: el tiburón dijo, “Aquí está la pieza…”. La pieza, no la serigrafía. Titulo nobiliario. Mala espina, de nuevo.

Y claro, el precio de una pieza no es el mismo de una serigrafía. 200 CUC quiere por la pieza. Y aunque ya es la mitad de lo inicial, sigue siendo atroz. De acuerdo a mis anticuarios, las serigrafías son cazabobos (y yo estoy babeando por esta) y su valor no excede, en el mejor de los casos, 50 CUC. Yo le ofrezco 100, porque me gusta, porque para mí tiene valor sentimental y ornamental, pero hay que estar claro, no es arte coleccionable ni nada por el estilo. Es sólo un papel, casi una fotocopia. Pero no, él quiere 200 CUC, quiere otro trozo jugoso de mi patrimonio que no le voy a entregar.

Y así me fui, penando por la serigrafía, pero negado a dejar que los tiburones me desangraran.


Un día, Canímar.


El río Canímar desemboca en la bahía de Matanzas y es atravesado por un puente que está a la salida de la ciudad de Matanzas hacia Varadero. Nunca lo ve uno, pues casi siempre se pasa rápido por el lugar camino a la playa. Pero Canímar es un lugar bello. Un amigo matancero me recomendó que lo visitara, pues hay un recorrido en yate río arriba, espectaculares farallones, hay botes, motos acuáticas, una playita y algo para comer. Y para allá fuimos.

Llegamos temprano, en una bella mañana, contentos, alegres. Ni siquiera un policía nos detuvo en todo el trayecto. Uno accede al complejo turístico de Canímar bajando por una estrecha carretera que sale de un costado del puente. Después de descender unos cientos de metros se llega a la margen del río y al complejo turístico. Bajamos del carro, vamos a la entrada y nos corta el paso un amable guardia de seguridad.

“Venimos al recorrido del yate…”, le digo sonriente y… “No, es sólo para organismos, previa coordinación…”. Parecía una broma y yo estoy de buen humor, de hecho me siento organismo, pluricelular, superior y la coordinación, pues, caramba, ya estamos aquí y… “No, no se puede…”, “Pero, ¿por qué? Queremos pasear, pagando, no de gratis…”, “Es que hay que avisar previamente a guardafronteras, por seguridad…” y entonces se me prende el foco. “Ah, ¿Para que no se lleven el yate?”, y el guardia sonríe triunfalmente ante mi ataque de genialidad.

“Mire”, le digo, “ya nosotros vivimos en el extranjero, y para allá regresamos en unos días, pero en avión. De hecho somos los pasajeros más seguros que ha tenido el yate…” Pero ya se acabaron los argumentos. No se puede hacer nada cuando se trata de organismos y previas coordinaciones. Compungidos ya nos íbamos, cuando el guardia dice, “Pero pueden ir por tierra…”. Y es que resulta que el recorrido del yate es entre este punto en la desembocadura y un lugar que se llama La Arboleda, que está algunos kilómetros río arriba, y al que se llega tomando la carretera Central en dirección a Santa Clara, desviándose por una deliciosa carreterita de un solo carril de anchura y que a los 4 ó 5 kilómetros te lleva hasta la margen del río y a la Arboleda.

Excelente lugar, campestre, con un río limpio para bañarse, banana para joder un rato, carne de puerco asándose en parrillas… y una atención que oscila entre mediocre y peor. Pero esto último puede uno obviarlo, pues los matanceros son amables y las matanceras están muy buenas. A la salida de ese lugar hay un restaurante que se llama La Finca, con un mirador desde el que se domina el valle de Canímar; hay allí comida criolla, animalitos sueltos, buena atención y aun mejores precios. Yo me comí un omnipresente bistec uruguayo, bien condimentado, bien hecho… y calabaza con mojo, cultivada in situ.

Por cierto, allí tomé la foto de la cabeza de la gallina de guinea, de la que estoy particularmente ufano porque esas gallinas no se están quietas ni un minuto y me costó un buen rato lograrla...

Fin del comercial.


Cualquier lugar, cualquier momento: los carteles


Los carteles espectaculares o pancartas son en Cuba son un reflejo del anquilosamiento de la vida nacional. Cuando los leo, tan ridículos, tan politizados, tan estúpidos, casi extraño la polución visual que sufrimos aquí en México con tanto anuncio publicitario.

Y siempre me llaman la atención y cada vez que he estado allá me había hecho el propósito de fotografiarlos. Y siempre se me olvidó. Esta vez les di el encargo a mis hijas y ellas lo hicieron mientras yo me arrastraba el tráfico de la Ciudad. Y aquí están algunos de los que vimos:






Este está en la misma esquina del Coppelia







En la otra esquina, donde había una tienda de música (ahora no sé que es), está este otro:






Cuando sales del tunel, hacia la playa, te saluda este justo reclamo de libertad para los espías...







Hay cosas que no cambian...






Antes eran las banderas de Cuba y URSS y aquello de la ayuda solidaria y desinteresada y la amistad eterna entre los pueblos... hoy Venezuela está de moda...mañana, ¿los chinos?





Esta es una frase que produce alivio: es bueno saber que se van a quedar con las dos cosas, que no se las van a dar a más nadie...







Este es una maravilla....






Y este es el mejor de todos, el cinismo en estado puro:











Finalmente, la prueba...

Yo creo que Malanga ya no levantó. Más bien, está en el declive que debe tomar un anciano de mas de 80 años con un par de metros menos de intestino, enfermo y egocéntrico. Pero esta imagen puede constituir una prueba de que, si no fue abajo, ya casi... La foto se llama "huele a muerto". Dale click... :