Cubanistica y otras razones: New York
Mostrando entradas con la etiqueta New York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta New York. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de agosto de 2008

Caminando en NY

Edificios altos, calles anchas y rectas, las sedes y oficinas principales de casi todo, un letrero que anuncia una multa de 350 USD al que toque el claxon y, sin embargo, en contra de lo que anticipaba, nada de eso me impresiona.

En NY me reciben el calor agobiante y la suciedad del Metro. Mientras esperamos nuestra conexión, yo trato de mantener bajo control mi claustrofobia y me entretengo en observar las negras e inmensas ratas que corren entre los raíles vacíos. Los anuncios en murales y paredes se repiten en inglés y español, como un símbolo indiscutible de la fuerte presencia latina en esta sociedad, donde los WASP pudieran ser minoría a largo plazo.

Manhatan es un hormiguero que a la una de la mañana hierve con una energía tremenda. La ciudad no sólo brilla y se estira hacia lo alto: la ciudad huele. Un caliente y ácido vaho de sudores, orina, fritangas, kebab y humo me envuelve en cuanto me asomo a la calle. Salgo del calor angustioso del Metro a las aceras tapizadas con oscuras manchas de chicles aplastados, al torrente humano que te obliga a seguir un camino, a la peste sempiterna de las calles del Centro del Centro.

Y entonces me impresiono.

La gente es de todas partes y habla en lenguas remotas, sibilantes, entrecortadas, desconocidas. Hay negros, asiáticos, latinos, blancos, indios, nadie falta en el melting pot de NY. Un hombre gigantesco, con una barba hirsuta, tatuajes rojos y azules, ataviado con un ropaje amarillo encendido, camina altivo en dirección opuesta a la nuestra. A su lado va una mujer embozada en trapos multicolores. Ambos van descalzos y tienen los pies negros por la suciedad.

Montones de turistas recorren la calle, delatados por su mirada perdida en lo alto, sin que les importen traspiés ni empujones, tratando de atrapar la magnitud de los rascacielos, moles oscuras detrás de las luces de Time Square. Descomunales limousines, repletas de hombres luciendo su blinging y de ramilletes de muchachas deliciosas, se detienen en el semáforo, vibrando con la música a todo volumen, en su camino al party de la noche grande, la del viernes. Sex and the City, dice mi esposa, que los mira sonriendo.

Cena en el Village, mañana MoMA.