Cubanistica y otras razones

sábado, 3 de enero de 2009

Cubans, go home!!

El acuerdo migratorio entre Cuba y México y que recientemente entró en vigor es difícil de entender.


Según este acuerdo los cubanos que México encuentre en su territorio y que hayan entrado de forma ilegal al país serán deportados a Cuba. Cosa ridícula, pues:

  • Al gobierno de Cuba le conviene que haya menos habitantes en la isla: así puede reducir gastos en alimentos, energía, educación, salud y tiene más casas disponibles, entre otras ventajas. Además, los cubanos que abandonan Cuba no apoyan el régimen comunista así que, con su partida, quedan en Cuba menos “opositores”, lo cual sería el mas dulce deseo de cualquier dictadura.


  • México es, por excelencia, un país emisor de emigrantes ilegales. Hay millones de mexicanos ilegales en Estados Unidos y su proceso de migración es tácitamente apoyado por el gobierno mexicano, pues ello representa menos ciudadanos dependiendo de la seguridad social, menos desempleados y, por otro lado, una inmensa fuente de ingresos por concepto del envío de dinero que realizan estos migrantes desde los Estados Unidos hacia México.



  • A México no le afectan ni la llegada ni la permanencia de cubanos a su territorio pues estos no pretenden permanecer en México: su propósito es llegar a los Estados Unidos.

¿Dónde están entonces los orígenes de tan absurdo acuerdo migratorio?

¿En Cuba? ¿En México?


¿O más al norte?



No entiendo nada...

jueves, 1 de enero de 2009

50 años




Como casi todos los cubanos, en estos días estuve pensando en la magnitud de tener el mismo gobierno durante 50 años. Bastaría esa sola consideración para ilustrar la monstruosidad del asunto. Pero aqui pongo cuatro mas:




  • Todos los cubanos menores de 50 años que viven en Cuba han conocido solamente un gobierno, el que implantó el régimen comunista en nuestro país.


  • Ningún cubano menor a 60 años recuerda el gobierno anterior.


  • Ningún cubano menor a 70 años ha podido votar en elecciones libres para elegir un gobernante en su país.


  • Ningún cubano que viva en Cuba ha podido disfrutar de las bondades de la vida moderna, a los 10 años del siglo XXI.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Palear nieve hermana hombres

Llegó el invierno, la nieve y se acabaron , por el momento, los barbecue. Y con la nieve llegaron nuevas rutinas. Palear nieve es una de ellas.































Apenas cae la nieve todos, mujeres, hombres o ancianos, como mi vecino, que tuvo un ataque al corazón hace un par de años y el cual, según sus propias palabras, considera este improvisado ejercicio “invigorating”, salen (salimos) armados con sendas palas a trazar senderos y liberar driveways.
















Y lo mejor que uno puede hacer es adoptar este hábito rápidamente, pues no se trata de estética: se trata de dinero. Si alguien resbala frente a tu casa y se parte un hueso, te puede demandar y entonces… se acaba la magia del invierno.

A palear se ha dicho entonces, enfrentando heroicamente a un friecillo de 4 grados bajo cero y un vientecillo artero que se cuela por doquier...


domingo, 14 de diciembre de 2008

Todo lo mejor y mas

A todos, felicísima Navidad y todo lo mejor en el 2009 les deseamos los Iskanianos.


Y un saludo especial les envía mi hijo...



viernes, 21 de noviembre de 2008

De negros, blancos y Obama

A principios de mi vida laboral tuve a un corpulento, estentóreo y egocéntrico mulato como compañero de trabajo, cuya copiosa biografía incluía hasta un Doctorado en Ciencias. Este señor usaba, con visible deleite, la frase “Ser negro, más que un color de piel, es una actitud ante la vida”. Ésta, convendrán muchos, es quizás una de las ideas más racistas que se puedan concebir. Conozco otra que la equipara, pero ahora no viene al caso.

Lo que sí viene al caso es la preocupación de muchos porque el Presidente electo Barack Obama es negro. Claro, si uno se aferra al estereotipo del guetto, de la cultura rap callejera, del pandillero, la idea es, cuando menos, inquietante. Pero Obama es un graduado de la Universidad de Columbia y de la Harvard Law School, dos de las Universidades de la superelitista Ivy League. Fue profesor en la Escuela de Leyes de la Universidad de Chicago y, posteriormente, Senador de los Estados Unidos de América. Hoy es el Presidente electo de este país. A esas alturas que le guste el rap sería un mal menor.

He ahí un negro de piel pero con actitud de blanco, seguramente diría mi racista ex-compañero de trabajo, mulato de barrio marginal devenido en calificado y capaz profesional. En esa tónica se pudieran entonces enunciar modus vivendi tales como white trash, wet back, chicano o latino, pero esa gente pudiera tornarse blanca, si cambiara de actitud. Triste filosofia.

Y aqui viene al caso retomar lo de la otra frase más racista que he escuchado, ésta dicha por un cubano blanco, emigrado en los Estados Unidos: “Yo pasé mucho trabajo para vender mi primera casa, porque venían a verla muchos compradores negros y yo no podía hacerle esa mierda a mis vecinos: venderle la casa a un negro” .

A mí me causa escozor escuchar cosas como esa, dichas por personas que son, para colmo, parte de minorías despreciadas en este país. Definitivamente nos hace falta un ejercicio de tolerancia supremo, por más que no nos guste el rap o el reggeton.

Yo estoy en plena ejercitación.

miércoles, 29 de octubre de 2008

De dinero, presidentes y paranoias

Hay nerviosismo en el ambiente.

Unos amigos perdieron dinero, invertido en acciones en Wall Street, y por ello ahora tienen 30% menos recursos para sostenerse en su ya rampante ancianidad. Otros han perdido su casa y las posibilidades de pagarla, como si alguna vez esa ingenua posibilidad hubiera sido real. Main Street, el sinónimo de “el pueblo” que rápidamente ha acuñado la prensa, se escandaliza por el fabuloso rescate de Wall Street y tibiamente le reprocha al gobierno estadounidense su preferencia por el monstruo financiero.

Pero Main Street muy adentro sabe, casi intuitivamente, que, sin Wall Street, estaría condenada a la clausura. Se trata de la supervivencia del status quo del capitalismo, de la continuidad, de un monstruoso gatopardismo macroeconómico: algo debe cambiar (de dueños) para que todo quede igual. Y, de esa manera, megaaseguradoras, gigantescos bancos e inimaginables cantidades de dinero cambian de manos mientras la Bestia se reacomoda.

Pero no todo es dinero, dice el cliché. El resto son las cosas que se pueden comprar con dinero, digo yo. Y es que hay mucho de qué preocuparse en estos tiempos. Obama, por ejemplo. O McCain. O que no haya más opciones.

Hoy, a escasos 6 días de las elecciones presidenciales, la prensa en los Estados Unidos de Norteamérica, en infinitos y detallados comentarios, soportados por numerosas encuestas, todas ellas confiables y certeras, da por ganador a Obama. Es muy posible que así sea y será el delirio, lo imposible hecho realidad: un negro presidente de EEUU, este gran país donde existen más preocupaciones y conflictos acerca de las razas de los seres humanos que en cualquier otra parte, donde en cualquier planilla la primera línea pregunta tu nombre y la segunda tu raza.

Yo ni siquiera sé quién es la mejor opción entre los dos candidatos. Con los políticos uno nunca sabe. Pero lo que me trae particularmente nervioso es esa posibilidad de un presidente negro. En este país donde los grupos de supremacía blanca, tanto beligerantes como de poder (había que ver la convención republicana, parecía reunión de albinos…) están vigentes y activos, el escenario de un presidente negro asesinado, seguido por un motín racial generalizado, razzias de negros contra blancos, de neonazis contra negros, de guerra civil racial, me parece espantosamente factible.

Odio mi paranoia.


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Actualizo el comentario. Esto merece un vistazo... Y esta imagen no tiene precio:




miércoles, 3 de septiembre de 2008

De seudónimos, nombres, héroes y la bobería

Hay un grupo entre los blogueros y cibernautas cubanos que escribe, habla y firma con su verdadero nombre, y hasta pone fotos de sus caras para dejar clara constancia de su identidad. Con ello, dicen, legitiman lo que escriben, hablan y firman. Que no haya confusión.

No importa si lo que escriben, hablan y firman tiene sentido o si sólo es un insulso y rebuscado comentario. Lo importante es, dicen, quién lo suscribe. Somos valientes aquí, dicen. Convocan a la inmolación, como hiciera aquel personaje de “El hombre de Maisinicú”: ¡Pínchalo, cabrón, pínchalo!

Quieren ellos, ahora tan libres y tan cultos, ser, además, valientes. Parece como si de pronto se hubieran olvidado ellos que, valiente, es aquel que, teniendo algo que perder, lo arriesga.

Los que escribimos, hablamos y firmamos con seudónimo no presumimos de valentía. Sólo estamos por estos lares, al menos en mi caso, buscando algo de entretenimiento, dejando nuestra opinión, pero tratando de seguir normalmente nuestras vidas, lo cual incluye mantener lazos y posibilidades abiertas con nuestras familias en Cuba. Para mí, en lo personal, es totalmente más importante seguir visitando a mis padres y hermanos en Cuba que escribir, hablar y firmar con mi nombre real.

Yo trato de ser tolerante y entender las miserias ajenas. Entiendo la frustración de quién trata de crear y no lo logra, pero que tiene que firmar. Entiendo a los que les va la vida en firmar, porque quieren subsistir de su pluma, y la pluma necesita un nombre, un curriculum. También entiendo, a fuer de leer lo que hay en la red, que una firma no garantiza una buena idea. Por eso no entiendo el escándalo ante un seudónimo.

Hay quien piensa que firmar con un seudónimo no es serio. Si se va a pedir la libertad de Cuba, ¿bastará con un seudónimo?, pregunta Emilio Ichikawa en un artículo publicado originalmente en su blog. Si voy a afirmar que tal o mas cuál bloguero es un egocéntrico de escaso calibre, pero muchas ínfulas, ¿sería mejor ir adonde vive, decírselo en su cara, darnos dos trompadas y regresar a mi anonimato? No alcanzaría quizás ni el tiempo ni los recursos para tanto viaje.

Yo creo que lo serio de este asunto de exponer ideas radica en que dicha idea sea buena, rescatable, algo que no sea un ejercicio de “a ver si a mis colegas les gusta…”. Un recorrido por algunos sitios de la red, donde escriben, hablan y firman con su nombre real, da grima. Les urge un seudónimo, diría yo.

En fin, reducir la publicación de ideas y opiniones en Internet a un asunto de seriedad o relajo, nombres o seudónimos, es minimizar la esencia del asunto: Yo digo que, si algo es bueno, si algo es interesante, la firma es lo último que se lee. Y, aunque la coloquen al principio, no garantiza nada.

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